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Los productos de inversión (fondos de inversión, valores negociados como acciones, valores de renta fija, derivados, productos estructurados, etc.) se pueden clasificar en dos grupos:productos complejos y no complejos. Esta distinción es muy relevante. ¿En qué se diferencian unos de otros?

Productos no complejos

Los productos NO complejos cumplen todas y cada una de las siguientes 4 características:

  • Se pueden reembolsar de forma frecuente a precios conocidos por el público. En general, siempre es fácil conocer su valor en cualquier momento y hacerlos efectivos.
  • El inversor no puede perder un importe superior a su coste de adquisición, es decir, a lo que invirtió inicialmente.
  • Existe información pública, completa y comprensible para el inversor minorista, sobre las características del producto.
  • No son productos derivados.

EJEMPLOS

Acciones cotizadas en mercados regulados, Letras del Tesoro, bonos y obligaciones del Estado, pagarés, bonos y obligaciones simples emitidas por administraciones públicas o fondos de titulación, fondos de inversión tradicionales, etc.

Productos complejos

Los productos complejos son los que no cumplen con todas o alguna de las características anteriores. Pueden suponer mayor riesgo para el inversor, suelen tener menor liquidez (en ocasiones no es posible conocer su valor en un momento determinado) y, en definitiva, es más difícil entender tanto sus características como el riesgo que llevan asociado.

EJEMPLOS

Derivados, futuros, opciones, swaps, warrants, turbowarrants, contratos por diferencias (CFD), fondos de inversión libre (hedge funds), fondos de fondos de inversión libre (fondos de hedge funds), bonos, notas, depósitos o cualquier producto estructurado que incluya derivados o apalancamiento, etc.

Información adicional

Para más información, puede consultar la “Guía sobre catalogación de instrumentos financieros como complejos o no complejos”