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Aunque no existe una definición universal, comúnmente aceptada en el entorno internacional, podemos hacer alusión al concepto acuñado por la Comisión Europea, según la cual, la expresión “finanzas sostenibles” hace referencia a:

"la financiación para realizar inversiones teniendo en cuenta cuestiones medioambientales, sociales y de gobierno.

La financiación sostenible incluye un factor importante de financiación verde cuyo objetivo es potenciar el crecimiento económico disminuyendo las presiones sobre el medioambiente; luchando contra los gases de efecto invernadero y la contaminación; y minimizando los residuos y mejorando la eficiencia en el uso de los recursos naturales.   

También abarca la sensibilización y una mayor transparencia sobre los riesgos que podrían afectar la sostenibilidad del sistema financiero y la necesidad de contar con agentes empresariales y financieros para mitigar dichos riesgos mediante un gobierno adecuado”.

Muchas veces identificamos la sostenibilidad con aspectos medioambientales, pero no podemos olvidarnos de que este concepto hace referencia también a conceptos de índole social (diversidad, inclusión, no discriminación por motivos de género, etnia, religión, orientación sexual, etc.) y de gobernanza (diversidad en los consejos de administración, promoción de la salud y el bienestar de los trabajadores, condiciones laborales justas, etc.).